
¡Hola! Les comparto esta entrada, que de verdad me ha costado muchísimo trabajo escribir.
Hace dos días tuvimos la fortuna de festejar a mi hijastra en su cumpleaños, y como la gran control freak que es esta madrastra, me dispuse a hacer de un «pastel» la mejor tarde para mi hijastrita.
Recibimos amigos y familia en casa, «algo sencillo»… (una particularidad de nuestra situación es que en la mayoría de los casos sentimos una carga enorme de que todo salga bien, encima del promedio). En el huracán de ser una gran anfitriona y de que mi hijastra se sintiera feliz en su piñata, noté algo que no he querido aceptar durante estos años. La gente me vigila. (Seguramente se preguntan cómo pasé de un cumpleaños a un gran delirio de persecución). Pues verán, cada movimiento en ese lugar estaba siendo confiscado por los asistentes para sus memorias, para posterior análisis y juicio acerca de, entre otros, lo siguiente:
1. Cómo trato a mi hijastra. ¿Soy capaz de llamar su atención? -¡Cómo te atreves!- ¿No llamo su atención? -¡¿Qué no te importa?!
2. Cómo trato a mi pareja. ¿Soy mejor o peor? (Que quien sea). ¿Me importa su hija? ¿Cómo se lo demuestro?
3. Interacción entre los tres. ¿Mi hijastra me acepta? ¿Se incomoda con mi presencia? ¿Hay algo raro ahí?
Estén absolutamente convencidos de que sé que la mayoría de las personas no hace esto con malas intenciones, es algo instintivo y protector, quieren saber cómo funcionan las cosas, que todo sea armonioso para todos y que nadie salga lastimado. Pero tengan en cuenta que ser madrastra, significa sobre todo, estar en la mira. Creo que nadie juzga a una mamá por cómo trata a sus hijos y a su esposo, llegar en segundo lugar significa más que nada haber perdido. Y claro que nadie juzga a una madre, ellas son, (o deberían ser) mujeres amorosas que nos cuidan, aman, educan, valoran, entregan lo mejor de sí y eso nadie lo duda. (No me comparo con una madre, solo soy un integrante adulto de una familia y me asumo como tal).
Mi aprendizaje de este día en el que escuché y vi que varias personas me y nos preguntaban acerca de nuestro día a día y que observaron fijamente, fue seguir esforzándome como lo haría normalmente, con una familia no compuesta, con el mismo amor que tengo para dar, con los errores que tenga que cometer, imaginando que quizá pronto seamos tan conscientes que dejemos de mirar tan sin descanso los movimientos de las madrastras, sí, hay gente mala en todas partes, en familias compuestas y no compuestas, pero un mundo sin prejuicios nos pondría a todas en armonía, sin empezar desde la pérdida, sin que nosotras tengamos que escuchar a lo lejos: cuéntame, ¿y quieres mucho a tu madrastra?
Desde mi experiencia, amo a mi pareja y amo a mi hijastra, no conozco la historia de todas, pero todas merecemos la oportunidad de sentirnos en calma para poder empezar una relación ensamblada con la seguridad de que estaremos respaldadas por el amor y la aceptación… Y porque los que nos rodeen sepan que estamos librando suficientes batallas como para encararnos con ustedes, que a veces nos sentimos solas y sí, a veces queremos echarnos para atrás, que cuando nos dicen «tener una relación con una persona con un hijo es algo muy difícil», normalmente la dificultad inicia cuando desde que nos ven llegar empiezan a juzgarnos. Somos personas, no buscamos esta circunstancia y no robamos nada, nos enamoramos de un hombre con un hijo. No más. ¿Por qué eso nos sitúa en la mira?
Con todo mi amor para todas las que se sientan solas, observadas y confundidas. No lo están.