Los verdaderos problemas

El problema es que pensamos que entendemos el problema.

A ver, si lo piensas bien, el problema de ser madrastra no es realmente serlo. Voy a tratar de explicarme más con las siguientes afirmaciones, trasladándolo a casos concretos, que incluyen algunas variables importantes que trataré de resaltar a continuación:

  • Te haces cargo de un/una/varios niños/as y debes de tratar que vivan, aprendan, incluso que sean felices durante determinado número de días a la semana (o más).
    1. La madre de estos pequeños mayormente opina que nadie te lo pidió, que llegaste como un lobo feroz a irrumpir en la tranquilidad de un divorcio en el que no había una tercera implicada hasta que llegaste tú.
    2. El padre de los pequeños de vez en cuando sonreirá y dirá «gracias por tu apoyo» de una forma tan débil e inocente que pronto parecerá más por compromiso que real.
    3. Te sentirás pronto agotada.
  • Seguramente vas a tener que coordinar TODAS tus actividades al calendario de otra persona, la ex.
    1. Tendrás todos los roles adjudicados, pero no habrá límites de acción porque nadie lo ha definido realmente, entonces básicamente serás un comodín que puede ser usado a placer por la ex y papá.
    2. Si algo sale mal, era tu responsabilidad. Si hay un festival al que asistir, un día que festejar, o algo que agradecer, no es tu responsabilidad.
  • Todas, absolutamente todas (y la que no, venga a levantar la mano por acá, quisiera platicar con usted), todas queremos tener acceso a los recursos que la sociedad nos otorga: reconocimiento, apoyo, pertenencia, incluso estar inmersas oficialmente en un tema de conversación.
    Por ejemplo, todas tus amigas que ya son mamás hablando, -uff este niño de noche se destapa, es terrible, una lucha incansable-. Tú, madrastra consagrada que hace colecho, -No sabes, Napoleoncito, mi hijastro, se destapa terriblemente, lo que yo hago es ponerle una buena pijama, por si acaso-. Miradas juzgadoras te rodean. -¡Hey! Pero si yo tapo a Napoleoncito todas las noches, ¿puedo opinar, no?. -No. No sabes lo que significa tapar como una madre y nunca lo sabrás-. Esperen, estábamos hablando de tapar, sin más.
    1. Muchísima gente te dirá que no te tomes papeles que no te tocan, sólo por abrir la boca (ojo, no te los tomes ¡eh! ahí sí no podré defenderte).
    2. Tu esposo o pareja reirá incómodo pero pensará lo mismo que los demás. Estás queriendo meterte con fuego.
    3. Si no te metes también corres peligro de ser tomada por desinteresada.
  • Tu vida está y estará en constante observación y siempre estará su ex.
    1. ¿Recuerdas que en la película del Señor de los Anillos todo gira en torno al anillo? Bien, algo más o menos así.
    2. Le das permiso a los niños, los estás mal educando.
    3. Estás viendo que los niños hacen eso y no les dices nada, si eres la madrastra debes educar. Sí, jamás ganas.

Sé que seguro estás diciendo: Sí, sí, ya sé todo lo horrible que esto es porque yo lo vivo, pero, ¿de qué hablabas cuando dices que el problema no es el problema?

Mira, las madrastras tienen casi los mismos problemas y digo casi porque como toda familia reconstruída que al final es familia, tiene sus particularidades y no podemos medirlas todas con la misma vara, pero todas las familias tienen particularidades y problemas.

La contraparte:

  • Sí, te harás cargo de muchas cosas más que definitivamente no tendrás si tu pareja no tiene hijos, pero si tu esposo o pareja te reconoce, te ayuda en otras cosas, valora todo el tiempo genuinamente que estás dando o haciendo un esfuerzo extra por amor, incluso esas cosas «extras» que haces los unirá mucho más, se sentirán más pareja, más equipo, los descansos se disfrutarán más, los días solos serán más placenteros y los días en familia serán maravillosos. Esto no se logrará si tu esposo o pareja te da por sentado, al estar haciendo mucho más que en una relación normal, te agotarás más rápido, lo terminarás echando en cara, la relación no fluirá, todo representará un conflicto, la gente cansada y no reconocida se enferma, física o emocionalmente.
  • Sí, tus actividades giran en torno al calendario de otra persona, definitivamente eso no pasa cuando tu pareja no tiene hijos. Pero si tu pareja es comprensivo, trata de negociar con su ex, si esto no es posible se muestra compasivo con tu frustración e incluso recompensa de alguna forma el hecho de que tus calendarios siempre dependan de otra persona, te sentirás tan comprendida y apoyada que definitivamente esto también será algo que los una. Los planes improvisados y las sorpresas siempre jugarán a favor de ustedes.
  • Quieres echar mano de los recursos sociales y la gente no te lo permite. Es algo demasiado común entre nosotras, no tenemos tribus, normalmente estamos en una soledad abrumadora entre las que son madres y no permiten que respiremos porque se proyectan y piensan que haremos una revolución para quitarles el amor de sus hijos (no todas las mamás ni todas las madrastras, hay de todo, definitivo), las que son amigas y nos juzgan duro por habernos metido en santo problemón, pero mientras tú respetes el lugar de mamá, que es IRREMPLAZABLE, actúes con amor y tengas la VALIDACIÓN de tu esposo en tus actos, quien amorosamente te acompañe a preparar la fiesta de cumpleaños del pequeño o pequeña, quien te integre en la selfie familiar, quien se ría contigo y te incluya en la broma, definitivamente la integración social llegará sola y estarás tan amada que no te hará falta.
  • Sí, todos te observan y está ese «anillo» que es la ex. Y esto depende más de cómo llegaste a ser parte de esa relación, esperando que todo haya sido sano te digo que mientras tu pareja o esposo te dé la certeza absoluta de que lo estás haciendo bien, confíe en ti, te regale amorosamente la seguridad que necesitas y jamás te haga dudar de que eres la mujer con la que quiere pasar su vida, eso queda subsanado.

Para cualquier pareja es importante ser pareja, sentirse íntimos, confiar el uno en el otro de todas las formas, respetarse y un sinfín de valores que todas conocemos, pero cuando somos madrastras esto tiene que ser un trabajo arduo, constante y FORTÍSIMO. Al principio decía que el problema no es el problema, cité varios puntos que son comunes entre las madrastras y al final concluyo que el verdadero problema, el que se puede resolver, es el que depende de ti y de tu pareja, los factores externos que existen y existirán sin medidas en todas las familias y relaciones, deben ser atacados por un ejército bien formado de herramientas emocionales listas para combatir cualquier dolor, apego o angustia insana que nos lleve a la desconfianza, desesperación o frustración; y ese ejército debe estar comandado por ti y por tu pareja.
Entonces, el problema no es lo que sucede, el problema es cómo lo resuelven.
Mucha fuerza y sabiduría, te deseo que siempre gane el amor.

Un útero familiar.

Ayer en sana convivencia con amigos, en tono de burla dije: “ya quiero tener dos hijos, una será Yoko y uno será John”. Mi pequeña hijastra en un arranque de rebeldía se levantó de la silla y se fue a su cuarto; volvió a los pocos minutos y la vida siguió. Minutos antes de acostarse, mientras le ponía la ropa de dormir, me miró con los ojos abiertísimos y preguntó:

          ¿Así que quieres tener dos hijas?

          No sé si sean dos, y no sé si sean hijas. 

          Pero tú dijiste…

          Supongo que bromeaba, no lo he pensado. 

          Pues yo no quiero tener hermanas. – Dijo como si eso fuera una sentencia condenatoria. 

Mi corazón se hundió. “Tener una pareja con un hijo no es fácil”, no sé cuántas veces he tenido que escuchar esta frase. “Nunca serás su prioridad”, ha sido la más trillada, pero tengo una inolvidable: “¿no crees que mereces más que esto?”. Esa noche, mientras le ponía el pijama a una dulce niña que esperaba mi respuesta ante su contundente demanda, sentí que la vida me traicionaba una vez más. He tenido diferencias con mi pareja acerca de ser papás y esa batalla ha sido de todas, la más desgastante que he tenido que sortear en mi vida, una batalla con mi pareja, pero sobre todo conmigo misma. “Serás una gran madre”, dice mi propia madre cuando me mira cargar un bebé con los ojos ilusionados de ser abuela, “cuanto estés embarazada nos volveremos locos”, comentan amigos mientras ríen como niños haciendo travesuras. ¿Seré una buena madre? ¿seré una madre? Es lo único que alcanzo a pensar.

El amor por mi pareja y cumplir una expectativa importante de mi vida son cosas que tuvieron un gran enfrentamiento hace algunos años. Ante la situación que vivo en mi carrera profesional y frente la disyuntiva de mi pareja de tener un bebé, desistí a la conversación de la maternidad y elegí la conversación del amor; la idea frenética de envejecer con alguien, consolada por tener una familia junto a mi pequeña domadora (hijastra) me hizo que, en aquel momento, con la mano alzada sacudiéndola a prisa sobre mi cabeza, disipara la nube de ilusión que se creaba sobre mí, esparciendo también el olor a bebé que se había impregnado en el cuarto a causa de mi imaginación fatídica. La vida de madrastra no siempre nos da muchas opciones, ¿no? pero esa es mi elección. ¿Entonces por qué me duele? ¿Por qué tengo miedo?

          ¿Entonces? 

          ¿Entonces qué, cariño?

          ¿Entonces vas a tener dos hijas, o qué? – Exclamó mi dulce niña con un tono de molestia que sólo escondía una grande preocupación. 

          Me parece un poco injusto que tengamos esta conversación. –Solté un esbozo de sonrisa, escondí mis miedos, imitándola. –Sin embargo, lo podemos conversar.

Ella me miró, su mirada emanaba tristeza, recostó su cabeza sobre mí y dejó que una enorme lágrima mojara mi rodilla. 

          Simplemente no quiero – me dijo sollozando. 

          Cariño, ¿qué pasa? – Traté de entender.

          No quiero. 

Mi mente tampoco estaba lúcida para conversarlo, la idea de que alguien más interfiriera en mi lucha era algo para lo que no me había preparado. Sin embargo, ahí estábamos, hablando de la utilidad que le daría a mi útero, una niña de menos de una década y yo. Una pequeña personita dándome una opinión que era tan importante para mí como para que me doliera el corazón, que me haría entrar en un calabozo a librar una lucha que estaba dispuesta a no luchar, o a dejarme perder, como lo he hecho con otras tantas cuando se trata de ellos.

Metí mis dedos en sus cabellos enredados y acaricié su cabeza tratando de consolarla, sabía que tenía miedo de que las cosas fueran distintas, de que mi atención que es toda para ella, se viera nublada por la llegada de alguien más, que no la amara más. Nada de eso sucedería, pero yo no tenía manera de demostrárselo ahí. Ella tenía miedo de perderse de algo y, ¿quién más podría entenderla en ese momento más que yo? Que tenía tanto miedo de perderme algo. 

          La cena está lista – exclamó papá. 

          Vámonos, pequeña, es hora de cenar – me levanté de su cama, con el mismo vacío que ella experimentaba, pensando: tú y yo, tenemos tanto en común.

La obligada perfección de ser madrastra…

¡Hola! Les comparto esta entrada, que de verdad me ha costado muchísimo trabajo escribir.

Hace dos días tuvimos la fortuna de festejar a mi hijastra en su cumpleaños, y como la gran control freak que es esta madrastra, me dispuse a hacer de un «pastel» la mejor tarde para mi hijastrita.

Recibimos amigos y familia en casa, «algo sencillo»… (una particularidad de nuestra situación es que en la mayoría de los casos sentimos una carga enorme de que todo salga bien, encima del promedio). En el huracán de ser una gran anfitriona y de que mi hijastra se sintiera feliz en su piñata, noté algo que no he querido aceptar durante estos años. La gente me vigila. (Seguramente se preguntan cómo pasé de un cumpleaños a un gran delirio de persecución). Pues verán, cada movimiento en ese lugar estaba siendo confiscado por los asistentes para sus memorias, para posterior análisis y juicio acerca de, entre otros, lo siguiente:

1. Cómo trato a mi hijastra. ¿Soy capaz de llamar su atención? -¡Cómo te atreves!- ¿No llamo su atención? -¡¿Qué no te importa?!

2. Cómo trato a mi pareja. ¿Soy mejor o peor? (Que quien sea). ¿Me importa su hija? ¿Cómo se lo demuestro?

3. Interacción entre los tres. ¿Mi hijastra me acepta? ¿Se incomoda con mi presencia? ¿Hay algo raro ahí?

Estén absolutamente convencidos de que sé que la mayoría de las personas no hace esto con malas intenciones, es algo instintivo y protector, quieren saber cómo funcionan las cosas, que todo sea armonioso para todos y que nadie salga lastimado. Pero tengan en cuenta que ser madrastra, significa sobre todo, estar en la mira. Creo que nadie juzga a una mamá por cómo trata a sus hijos y a su esposo, llegar en segundo lugar significa más que nada haber perdido. Y claro que nadie juzga a una madre, ellas son, (o deberían ser) mujeres amorosas que nos cuidan, aman, educan, valoran, entregan lo mejor de sí y eso nadie lo duda. (No me comparo con una madre, solo soy un integrante adulto de una familia y me asumo como tal).

Mi aprendizaje de este día en el que escuché y vi que varias personas me y nos preguntaban acerca de nuestro día a día y que observaron fijamente, fue seguir esforzándome como lo haría normalmente, con una familia no compuesta, con el mismo amor que tengo para dar, con los errores que tenga que cometer, imaginando que quizá pronto seamos tan conscientes que dejemos de mirar tan sin descanso los movimientos de las madrastras, sí, hay gente mala en todas partes, en familias compuestas y no compuestas, pero un mundo sin prejuicios nos pondría a todas en armonía, sin empezar desde la pérdida, sin que nosotras tengamos que escuchar a lo lejos: cuéntame, ¿y quieres mucho a tu madrastra?

Desde mi experiencia, amo a mi pareja y amo a mi hijastra, no conozco la historia de todas, pero todas merecemos la oportunidad de sentirnos en calma para poder empezar una relación ensamblada con la seguridad de que estaremos respaldadas por el amor y la aceptación… Y porque los que nos rodeen sepan que estamos librando suficientes batallas como para encararnos con ustedes, que a veces nos sentimos solas y sí, a veces queremos echarnos para atrás, que cuando nos dicen «tener una relación con una persona con un hijo es algo muy difícil», normalmente la dificultad inicia cuando desde que nos ven llegar empiezan a juzgarnos. Somos personas, no buscamos esta circunstancia y no robamos nada, nos enamoramos de un hombre con un hijo. No más. ¿Por qué eso nos sitúa en la mira?

Con todo mi amor para todas las que se sientan solas, observadas y confundidas. No lo están.

Ser madrastra: ¿difícil decisión?

Nunca he escuchado a una pequeña, cuando un adulto le pregunta ¿qué quieres ser de grande? responder: “quiero ser una madrastra”, no. Ser madrastra no es algo que nosotras (la mayoría) imaginamos, por eso cuando estamos ante la decisión de convertirnos en una, no estamos preparadas para elegir con todas las herramientas necesarias, por tres razones principales: 1) nadie habla de ser madrastra, 2) no tenemos idea de cuál será nuestro lugar en la familia, 3) vivimos en la invisibilidad.

Pensemos bien, no existe un lugar en la sociedad para las madrastras, y si existe no es el mejor (gracias Disney), tratan de encajarlas en algún sitio a la fuerza, las madrastras viven en la penumbra, no son mamás, ni amigas, ni familia, ni extrañas, no son nada pero pueden ser todo, son ese miembro de la familia que no sabes cómo tratar.

Definitivamente, ser madrastra no es algo que uno elige, pero puede ser una experiencia de vida maravillosa, y sí, un día podemos dejar de ser la mala del cuento… pero, ¿cómo? Es verdad que ser madrastra no es para todas, y si este es tu caso, antes de la cita número tres con ese papá, debes de saber algunas cosas:

1. Nunca serás su prioridad, siempre habrá algo más importante, y eso está bien, si posee ese instinto de los padres hacia los hijos que hace que den la vida por ellos nos muestra a una persona responsable, amorosa y comprometida. Y si no lo tiene, también nos dice mucho.

2. En cuanto a la paternidad, no habrán primeras veces contigo, todas las experiencias las ha vivido antes con otra persona, si estarás bien con eso, sigue adelante. Definitivamente, hay tantas cosas por hacer que pueden convertirse en gratas experiencias juntos, y recuerda que cada hijo es una experiencia única, aunque no sea la primera de uno de los dos, siempre será diferente y puede ser muy feliz.

3. El proceso de adaptación como nueva familia puede ser todo un caos, necesitarás mucha paciencia y dar mucho mucho mucho amor INCONDICIONAL.

4. Confía en tus instintos, desde el principio convive sanamente y pon límites respetuosos y sobretodo amorosos, si tú te respetas y respetas, nada puede salir mal.

5. Deja ir los prejuicios y lo que debería ser, en cuanto a esta nueva familia las reglas normalmente no son las convencionales, propón siempre hacer lo que les haga sentir más cómodos a todos.

6. Por último, es la que considero más importante: Escucha con amor y piensa en las necesidades de los más pequeños sin dejar de lado las tuyas.

Hablar de lo que ambos esperan de la relación es un buen método para salir adelante como familia, habrán días difíciles y tu pareja debe saberlo, apóyense y ámense, habrán cosas que tú no sabes porque estás llegando a la dinámica familiar e integrarse siempre lleva tiempo. Ser madrastra en definitiva es una difícil decisión, sí, pero también puede ser una gran aventura, hacia una mala del cuento menos.